Hay que hacer ejercicio y es verano, ¿Qué tal en el agua?

Llega el verano y lo que menos apetece es ponerse a sudar haciendo ejercicio. La natación, y los ejercicios acuáticos, lo bueno que tienen es que si sudas no lo notas; además te refrescas y las articulaciones de las piernas no sufren tanto porque en el agua pesas menos y haces ejercicios más duros casi sin darte cuenta. Todo esto muy bien, ¿pero y las personas que tengan problemas de corazón?¿Pueden intercambiar el ejercicio que hacían en seco con el que hagan en piscina?

Betina Nishishinya, reumatóloga y especialista en ejercicio, nos ha destripado un artículo (1) de revisión sistemática sobre esta pregunta concreta que nos hicimos.

Esta revisión incluye 8 estudios, de los cuales 5 son estudios randomizados y controlados y 3 no controlados, rescatados por una búsqueda bibliográfica hasta marzo 2014.

Los estudios incluyen un total de 156 pacientes, con edades comprendidas entre 53 y 75 años y con un grado de insuficiencia cardíaca (IC) de la NYHA entre II y III, o moderada a grave (¡en el grupo III cualquier actividad produce palpitaciones o disnea!) pero estable.

Se metanalizaron algunas variables:

  • Ejercicios acuáticas vs tratamiento habitual: Hubo un beneficio favorable para los ejercicios acuáticos en el test de la caminata de 6 minutos y el peak power (potencia máxima).
  • Ejercicios acuáticos vs ejercicios en tierra: No hubo diferencias en el consumo de O2 (VO2), fuerza muscular y calidad de vida.
  • Las dimensiones cardíacas, la fracción de eyección ventricular izquierda, gasto cardíaco y el BNP no hubo cambios.

IMPORTANTE: No se describen efectos adversos graves.
Por increíble que parezca, la tasa de adherencia llegaba al 92-95%; bueno, eran ensayos clínicos.

En conclusión, parece que los entrenamientos de ejercicios acuáticos ayudan en la mejora de la capacidad, fuerza muscular y calidad de vida al igual que los ejercicios en tierra y son una alternativa para este grupo de pacientes que presenten una IC estable, sin complicaciones.

OJO: No es aplicable para pacientes con IC biventricular o hipertensión pulmonar. No es aplicable en pacientes con IC descompensada

¡Disfrutad el verano!

  1. Adsett JA, Mudge AM, Morris N, Kuys S, Paratz JD. Aquatic exercise training and stable heart failure: A systematic review and meta-analysis. International Journal of Cardiology 186 (2015) 22–28.
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Los cambios de tiempo no afectan al dolor de espalda

Seguro que todos hemos oído decir a alguien que sabe predecir el tiempo porque le duele algo. Pues bien, aún seguimos sin poder demostrar científicamente que algo parecido pueda ocurrir.

Steffens et al, fisioterapeutas australianos, han publicado un artículo en Arthritis Care and Research en el que demuestran que parámetros meteorológicos popularmente vinculados al dolor musculoesquelético, tales como temperatura, humedad relativa, presión atmosférica y la lluvia, no aumentan el riesgo de padecer un episodio de lumbago. La única salvedad es que haya mucho viento o en ráfagas, pero incluso estos parámetros se asocian solo a un pequeñísimo aumento del riesgo de dolor de espalda.

Esto lo han hecho mediante el diseño adecuado, un estudio observacional de case-cross-over. Con este diseño es posible evaluar el aumento del riesgo asociado con parámetros del tiempo mediante la comparación de la exposición a las variables meteorológicas en el momento de la aparición del dolor o la exacerbación (definida como la ventana de caso) y en periodos anteriores, cuando la persona estaba sin dolor (definida como ventanas de control). En este tipo de diseño, por tanto, cada sujeto es su propio control, de manera que todos los participantes se comparan contra ellos mismos y contra muchos otros controles en momentos con dolor o sin dolor y se ve si existe una asociación entre dolor y condiciones atmosféricas. Los datos sobre el tiempo no los recogieron los pacientes, reclutados todos de consultas de atención primaria en Sidney, sino que provenían de las estaciones meteorológicas más cercanas al domicilio de los pacientes. Todos los pacientes llevaban un diario de síntomas y tenían que recoger actividades que realizaban, para ver si estas actividades mejoraban o empeoraban su dolor. Además, cada vez que tenían un episodio de dolor, se les pedía que lo registraran, con hora si era posible, en el diario, o en un calendario o en su smartphone, y cómo de intenso era el dolor.

La asociación de los episodios de dolor con los cambios de tiempo era inexistente, algo que habíamos visto también nosotros en un estudio previo, con diseño similar pero en artritis reumatoide. En nuestro estudio, sólo la temperatura, pero sólo en el grupo de pacientes entre 50 y 65 años tenía algún efecto, y sólo moderado, sobre el número de brotes de la enfermedad.

Por supuesto, habrá quien lo rebata una y otra vez, aduciendo explicaciones fisiopatológicas preparadas al efecto, pero la realidad es que el patrón que todos dicen ver, no aparece.

¿Cuál es pues la conclusión de esta entrada? Pues que o bien el hombre necesita encontrar patrones donde no los hay y la sabiduría popular no es tan sabia, o hay algo más, no medible (¿y hasta que punto observable?) que nos haga pensar (bueno, a mí no) que el tiempo nos afecta en nuestro dolor.

  1. Steffens D., Maher CG, Li Q, Ferreira M, Pereira LSM, Koes BW, Latimer J. Weather does not affect back pain: Results from a case-crossover study. Arthritis Care Res, 2014. DOI: 10.1002/acr.22378
  2. Abasolo L, Tobías A, Leon L, Carmona L, Fernandez-Rueda JL, Rodriguez AB, Fernandez-Gutierrez B, Jover JA. Weather conditions may worsen symptoms in rheumatoid arthritis patients: the possible effect of temperature. Reumatol Clin. 2013 Jul-Aug;9(4):226-8.